Lapicero negro sobre papel.
En la colina donde crecí hay un pequeño bosque rodeando un gigante dormido. El es el guardián de mi villa, lo veneramos como a un dios. Es gracias a él que los cultivos crecen sanos y que la peste se pierde lejos de nuestros hogares. En su delgada pero gigantesca mano izquierda florecen las plantas incluso en invierno como prueba de su silencioso poder.
Hoy he subido a la colina para buscar inspiración y consejo. Le veo imponente mientras me tapo con mi capucha y me cobijo con las llamas.

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